Cremación


Definición de Cremación

La cremación es la reducción del cuerpo humano a sus componentes básicos a través del uso del calor dejando hueso seco que posteriormente se convierte en fragmentos. Para ello se emplea un horno crematorio en donde se coloca el cuerpo durante varias horas sometiéndolo a altas temperaturas que alcanzan entre 1400 a 1800 grados Fahrenheit.


Un poco de historia: Las cremaciones más antiguas se hicieron en la era del neolítico en el litoral mediterráneo. El Oriente Próximo la reducción a cenizas fue una práctica bárbara y se utilizaba sólo en tiempos de plagas. Los babilonios, según Herodoto, tenían la práctica de embalsamar a sus muertos. En Europa se encontraron pruebas desde el comienzo de la Edad de Bronce, dos mil años antes de Cristo, a lo largo del Danubio medio. Llegó a ser una costumbre dominante a través de la Edad de Bronce con la cultura de los Campos de Urnas, en el año mil trescientos antes de Cristo. En la Edad de Hierro la inhumación se volvió nuevamente común, aunque la cremación resistió. Las primeras prácticas que se conocieron pudieron estar relacionadas con la inmolación con fuego a modo de sacrificio humano.

La cremación fue común aunque no universal, tanto en Grecia como en Roma. El cristianismo reprobó la cremación influido por los principios del judaísmo y en un intento de abolir los rituales paganos grecorromanos. Hacia el siglo quinto después de Cristo, la práctica de la cremación había desaparecido de Europa

En la Edad Media la cremación en vida fue usada como parte del castigo a los herejes y esto no solo incluía arder en la hoguera. Por ejemplo en el año mil cuatrocientos veintiocho la Iglesia Católica desterró el cadáver del traductor inglés John Wyclif (1320-1384) y lo cremó. Sus restos fueron esparcidos en un río como forma explícita de castigo póstumo, por negar la doctrina católica de la transubstanciación. La cremación retributiva, con bases en las acciones en vida, continuó en tiempos modernos. Por ejemplo en la Segunda Guerra mundial, los cuerpos de doce hombres convictos fueron cremados, sin ser regresados a sus familiares por los crímenes contra la humanidad en los juicios de Nuremberg.

En la Era Moderna comenzó en el año mil ochocientos setenta y tres, con la presentación de una cámara de cremación hecha por el profesor  paduano Brunetti en una exposición en Viena. En Gran Bretaña, el movimiento contó con el apoyo del cirujano de la reina Victoria, sir Henry Thompson quien junto a sus colegas fundaron la Sociedad de cremación de Inglaterra en el año mil ochocientos setenta y cuatro. En Estados Unidos el primero fue construido en el mismo año, por Julius Le Moyne en Pensilvania.  La segunda cremación en EEUU fue la de Charles F. Winslow, verificada en Salt Lake City (Utah) en el mes de julio de mil ochocientos setenta y siete.  Los primeros crematorios de Europa fueron construidos en el año mil ochocientos setenta y ocho en Gotha (Alemania) y en Woking (Inglaterra). La primera cremación en Gran Bretaña fue el veintiséis de marzo de mil ochocientos ochenta y seis, luego de ocho años de construido el crematorio, en Woking.

La cremación fue declarada legal en Inglaterra y Gales, cuando el Dr. William Price fue procesado por cremar a su hijo.  La legislación formal siguió después con la autorización del Acta de Cremación de mil novecientos dos lo cual supuso requerimientos procesales antes de que una cremación pudiese ocurrir y restringir su práctica a lugares autorizados. Algunas iglesias protestantes comenzaron a aceptar la cremación bajo la premisa racional del ser: Dios puede resucitar a un difunto de un tazón de cenizas tan fácilmente como puede resucitar a uno de un recipiente de cenizas. La Enciclopedia Católica criticó estos esfuerzos refiriéndose a ellos como un movimiento siniestro y asociándolo con la francmasonería aunque dijera que en la práctica de la cremación no hay nada directamente opuesto a cualquier dogma de la iglesia. En mil novecientos sesenta y tres el Papa Paulo VI levantó la prohibición de la cremación y en mil novecientos sesenta y seis permitió a los sacerdotes católicos la posibilidad de oficiar en ceremonias de cremación.


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