El oficio de las lloronas, unas lágrimas a cambio de dinero


Te contamos la historia de este extraño oficio que realizaban las mujeres en los velatorios.

Origen de la palabra llorona

Las mujeres que eran contratadas para llorar a un difunto se llamaban plañideras. Esta palabra proviene del verbo plañir, es decir, sollozar. Esta tradición se realizaba en los velorios donde había una escasa presencia de personas y tiene sus orígenes en el antiguo Egipto donde sus servicios eran variados: lamentos que podían convertirse en gritos desconsolados, golpes en el pecho, echarse tierra en diversas partes del cuerpo o tirarse los cabellos. Diversas manifestaciones que permitían teatralizar el profundo dolor que conllevaba la pérdida de un familiar.

¿Por qué se contrataban a las lloronas?

Estas lloronas eran contratadas porque se creía que los llantos que emitían limpiaban el alma del difunto de pecados facilitando así su alcance rápido a la gloria eterna. Además de brindar sus lágrimas, estas lloronas servían de posta para que los deudos pudieran atender de manera adecuada a quienes habían venido a esta ceremonia de despedida.  Una vez finalizado el entierro, las plañideras o lloronas pedían el pago de sus honorarios por haber realizado su trabajo. Esta paga podía ser en dinero o víveres como trigo, yerba o harina.

Descripción del oficio de las lloronas

Estas personas que tenían como función llorar por el alma del muerto eran de mediana edad, algunas eran viudas o personas que, por diversas razones, habían quedado solas. Las lloronas asistían a los velorios completamente de negro, se solían contratar de dos o tres y eran ubicadas en un sitio especialmente reservado para que emprendieran su dramático sollozo hasta el momento del sepelio.

Se trataba de una contratación sumamente popular ya que no era pertenencia exclusiva de un determinado grupo social sino que cualquier miembro de la sociedad contrataba sus servicios de actuación.

En Taiwán continúa el oficio de llorona

Al igual que en el resto de los países, las plañideras tienen una larga historia en Taiwán donde los difuntos necesitan irse de manera ruidosa para pasar de manera más adecuada a otra vida.  Muchos años atrás, las mujeres dejaban su hogar para ir a trabajar a otras ciudades mientras que el transporte era muy limitado por lo que si un familiar moría no llegaban a tiempo para el funeral por lo que la familia contrataba a una llorona para que los acompañara en este duelo.

Liu Jun-Lin, de 30 años, es la llorona más famosa de Taiwán y la contratan cada día para hacerlo en funerales de personas desconocidas junto a su hermano, A Ji, que toca instrumentos tradicionales de cuerda. La abuela y la madre de Liu eran plañideras profesionales pero sus padres murieron cuando ella era pequeña por lo que quedó al cuidado de su abuela que no poseía recursos económicos suficientes. Así fue su abuela quien la introdujo a Liu en el negocio familiar cuando tenía tan sólo 11 años.

Consiente de los cambios culturales y económicos, Liu diversificó su negocio y contrató a 20 mujeres asistentes que ayudan a los directores de las funerarias al embalsamamiento y otros servicios funerarios.