Hombre vive en una tumba abandonada


Parece mentira pero no lo es. Un serbio de 43 años vive en una tumba hace casi dos décadas y subsiste gracias a la basura que encuentra en la calle.

El  hombre que decidió vivir en una tumba

Bratislav Stojanovic  tiene 43 años pero desde los 28 que vive en un cementerio de la localidad serbia Nis. Hubo un tiempo en el que Stojanovic trabajó como obrero de la construcción pero luego perdió su trabajo en medio de las guerras étnicas, las sanciones internacionales y la crisis económica agobiante que sufría su país.

Frente a la falta de un trabajo regular, Bratislav contrajo grandes deudas que le resultaron imposibles de pagar por lo que perdió su casa y no tuvo otro remedio que encontrar refugio entre los muertos que descansan en este cementerio hace más de 100 años.

La solidaridad de los vecinos

El viejo cementerio está situado en el centro de la ciudad y se ha cerrado a mediados de la década de 1970 cuando las autoridades establecieron un nuevo lugar de entierro del centro. Lejos de ser rechazado por los vecinos del lugar, Bratislav recibe alimentos y ropa de personas cercanas al cementerio mientras que él recoge comida de la basura.

Además, este vagabundo asegura que sólo sintió miedo los primeros días que se quedó a dormir en  la tumba que ahora es su hogar y que debe salir despacio de allí para evitar asustar a las personas que están por la zona.

Una tumba, mi cálido refugio

Como asegura este hombre que vive en la marginalidad, la tumba donde vive no será un palacio pero es más cómodo que la calle. Se trata de una tumba de gran antigüedad hasta el punto de que no ha sido posible identificar quiénes están allí enterrados pero Bratislav no dudó en convertirlo en un lugar más placentero.

La tumba sufrió algunas modificaciones para que resultara más cálida y funcional a las necesidades de Bratislav. Este hombre colocó velas, un colchón y mantas mientras que un techo de concreto lo resguarda del frío. Dispersos en la tumba también se encuentran viejas botellas de plástico así como velas que recogió de otras tumbas y que quema en la noche para ver. “Está seco y es caliente”, asegura sin dudarlo Bratislav que ha probado la desagradable experiencia de dormir en la calle aunque prefiere dormir entre los muertos.